(publicado originalmente en abstracciones)

Hoy, 25 de Diciembre de 2010, murió en la ciudad de Miami el ex-Presidente venezolano Carlos Andrés Pérez.

Esta noticia es una de esas que divide a la gente, entre quienes dicen que fue un buen presidente a pesar todo y quienes lo adversan por todo lo que hizo y provocó.

Mi posición al respecto es un termino medio entre ambas, si bien pienso que no fue un buen Presidente, si creo que hizo un trabajo digno durante su primer periodo (1974-1979) al nacionalizar las industrias del Hierro y del Petroleo en los años 70’s para darle al estado el poder de administrar sus ingresos. Además emprendió otras políticas sociales admirables como el programa de Becas Gran Mariscal de Ayacucho y una buena inversión en la seguridad social.

Ya para el segundo periodo (1989-1993) la situación era diferente, había un clima de inestabilidad que tuvo asumir y que dio paso a las medidas económicas que anuncio al comienzo del año 1989 y que provocaron el llamado “Caracazo” a pocos días de iniciarse su mandato, lo cual aumento el clima de inestabilidad en el país. Al final ese mandato tuvo un final abrupto al acusarsele de malversación de $250.000 de la llamada Partida Secreta.

Con su muerte aparecieron aquellos personajes que nombre al principio, los que lo respetan y los que lo adversan. Eso me llevo a un pensamiento que resume lo poco maduros que somos al momento de elegir a nuestros gobernantes.

En la calle es posible escuchar actualmente frases como “no me importa que robe, pero que mejore la situación del país” en alusión a escoger un nuevo presidente en las próximas elecciones. Este tipo de pensamientos deja ver lo poco exigentes que somos al momento de elegir a una autoridad, pudiendo permitirle un delito con el fin de mejorar la situación actual del país.

Si en algo creo, es que es derecho de los ciudadanos exigir una administración transparente sin que esto indique que no se pueda hacer un mejor país. No me es grato permitir que una persona cometa un delito con el pretexto de hacer un trabajo que es su deber y que asumió como tal desde el momento de presentarse como candidato a algún cargo público.

Allí es donde entra de nuevo CAP, ya que se demostró en ese momento que la justicia venezolana no estaba viciada y fue capaz de acusar a un Presidente en ejercicio de sus funciones por un delito cometido durante su mandato, aunque realmente es posible que ese haya sido el menor de ellos.

Actualmente todos estamos casi seguros que en el actual gobierno se están cometiendo delitos como este o mucho peores y quienes se benefician de las políticas actuales se hacen la vista gorda ante esos delitos, situación que se ilustra bien con aquella frase “no me importa que robe siempre y cuando me de lo que quiero”.

Y entonces vemos que es un eterno circulo vicioso porque siempre estamos pensando de esa manera estemos en el lado que estemos, porque creemos que ellos tienen el derecho de embolsillarse un poco de dinero mientras todos estamos contentos.

Al comentar esto con una amiga ella solo atinó a decir la frase que titula este post y que encierra lo poco exigentes y maduros que somos al momento de votar por alguien para que nos represente bien sea como diputado o como presidente. Ese pensamiento que nos tiene en esta situación política, económica y social actual en Venezuela… Y es que realmente “los venezolanos estamos resignados a que nos jodan”.

Tras la muerte de CAP solo puedo ofrecerle mis respetos como ex-Presidente de Venezuela, sin que eso signifique que le perdono sus delitos ni que engrandezco sus glorias.